Os mando muchos saludos desde la tierra de la antidemocracia, los Estados Unidos de América, donde, en una pequeña universidad en la región de los Apalaches, este semestre estoy enseñando un curso titulado “Representaciones de la Guerra Civil española”. El enfoque de la clase está en España, claro, y en las cuestiones de guerra, partidos políticos, violencia, exilio, represión, censura y memoria histórica asociados con el golpe de Estado franquista de hace casi un siglo. Sin embargo, cada conversación sobre la España del pasado y del presente tiene un subtexto de los Estados Unidos de este minuto. En el día en que el gobierno de nuestro país aprueba una orden para desmantelar el Departamento de Educación, mis estudiantes me preguntan: ¿por qué los carteles de izquierdas de la Guerra Civil española insisten tanto en la educación? Otro día me preguntan con respecto a la censura del franquismo, ¿no tenían algo como nuestra Primera Enmienda para protegerse? Y la gran ironía es que yo no les pueda decir muy abiertamente que nosotros ya no tenemos nada “como nuestra Primera Enmienda” y que nuestra Segunda Enmienda (el derecho a llevar armas) ya rige sobre todas las demás. Piensan en el hambre tan perspicazmente descrita por Carmen Laforet en Nada: es tan vívida que, aun en un campus de mucha abundancia, casi pueden entender el hambre, pero sin comprender que nuestro gobierno está maquinando como para fomentarlo, precisamente en las zonas rurales que mayoritariamente votaron por este presidente. Se horrorizan antes las condiciones carcelarias de las presas de La voz dormida, pero no estoy segura de que consideren con mucha atención las llamadas hieleras de los lugares de detención para los inmigrantes de este momento en este país. También captan la belleza del “idioma de los muertos”, de Alberto Méndez, pero sin darse cuenta de que podemos convertirnos todas/es/os aquí en “girasoles ciegos”.
De día, estoy en clase con estas/es/os estudiantes y de tarde/noche, participo con mi grupo de activismo local para resistir una avalancha de acciones (ninguna basada en la ley) emprendidas por nuestro llamado presidente y sus amigos broligarcas: la detención de docenas de miles de habitantes en el país, entre las cuales el altamente visible caso de Mahmoud Khalil, y la eliminación de apoyo legal para niños migrantes; los recortes de miles de puestos gubernamentales sin la aprobación necesaria del Congreso; los recortes de USAID con sus graves consecuencias por todo el globo; el abandono de toda política de antidiscriminación y el abrazo de la persecución de la gente que aboga por tales políticas; el abuso de otras gobernadoras del país (ej. Janet Mills, Gobernadora de Maine); y un largo etcétera.
Yo vivo en un puntito azul en medio de una gran zona roja (aquí en EEUU, una zona roja no es de izquierdas, sino de republicanos, y los republicanos en el poder no creen en la república, sino en su propio beneficio multimillonario). En nuestra zona rural de Virginia, las tasas de pobreza son altas y las tasas de entusiasmo por nuestro llamado presidente lo son también. Acabo de oír unas estadísticas que nos indican que las zonas que más sufrirán los recortes y los aranceles de este gobierno son los pequeños pueblos rurales de muchos habitantes conservadores. Un pueblo que está al lado del nuestro, el apropiadamente nombrado pueblo de Buena Vista, Virginia, es uno de los citados que va a experimentar graves problemas económicos dentro de poco. Ya veremos si los habitantes del pueblo quieren o pueden relacionar el bajón económico con las políticas de su presidente tan amado. Al mismo tiempo, en el grupo de resistencia, insistimos en amar (en vez de armar) a nuestros vecinos mientras, en el reducido microcosmos de nuestra experiencia de este régimen, también seguimos protestando e intentando hablar de verdad sobre las múltiples injusticias cotidianas.
¡Vaya momento más propicio para que las/les/los estudiantes de este país lleguen a comprender cuestiones de autoritarismo, cristonacionalismo, militarismo, violencia, censura, antieducación y corrupción! Pero, imaginaos, hacerlo todo completamente patente y visible –en la superficie y no debajo de ella– es un peligro no solo para mí, sino también para mis familiares, amistades y compañeros en la resistencia. Entonces, en clase, hablamos de todos estos temas en el contexto de España (y, claro, de Europa) y dejo que los textos hablen de manera clara por sí mismos, y que los fantasmas de la memoria histórica vuelen y susurren por el aula. No solo hemos leído textos de autores españoles tan importantes como Federico García Lorca, Miguel Hernández, Carmen Laforet, Jaime Gil de Biedma, Dulce Chacón, Alberto Méndez y Julia Otxoa, sino también hemos considerado a George Orwell, Ken Loach, Pablo Neruda y César Vallejo. Casi todos los días hay ocasión como para repetirles el verso de Neruda, “Venid a ver la sangre por las calles”, pero nunca estoy segura de si están aplicando esta advertencia a su propio entorno. Hemos hablado de Gernika y del cuadro de Guernica, y hemos reconocido la implicación de los petroleros texanos en el apoyo de las fuerzas aéreas de los nazis. Cada noche, al volver a leer los textos para el día siguiente, sollozo con su belleza y su punzante relevancia en este momento, casi un siglo más tarde. Y cada día, me levanto al alba para ir a trabajar y enseñar estos hermosos textos en una clase donde permean los aires de represión de antaño.
Os preguntaréis, ¿por qué escribe esta profesora estadounidense para este periódico? Y os responderé, pues, porque hace una semana vi que estoy en una lista de la división criminal del Departamento de Justicia de mi país, porque creo que escribir en español me protegerá un par de días más que escribir en inglés, porque es posible que mis compatriotas y yo, en algún momento, tengamos que buscar asilo en otros países y porque, quizás, debido a que por más de un siglo vosotros habéis bregado con estas mismas cuestiones políticas, culturales y vitales, tal vez podáis entender este grito calladito desde un rincón pequeñito del país de la no democracia.
DdA, XXI/5.949 CTXT